SECRETOS

Tras la sonrisa de tus ojos callas los secretos
esos fantasmas tristes del ayer que a veces lloran sobre hoy
o el monstruo cincelado por las sombras de quienes mordieron tus caminos
insaciables como un Everest de almanaques caducos
tangibles como la hora de un reloj sin pila
bestias desbocadas que se arrojan al precipicio de la luz
cuando les deslumbra la alegría

Tuiteuroema

Por ciento quince caracteres 
te fuiste
no encajaron tus versos
en mi estrofa de tuit y me dejaste
sin ala en este erial
donde árboles y manos destilan sed y sangre
bajo un sol gamado que asola norte sur este y oeste
con su vómito de élites corruptas


AFUERA (Cruento de Navidad)


Con los ojos nublados por la fiebre, Ita siguió a su madre hacia la rosada luz. Desde allí, un día más, contempló con envidia a los pájaros que recorrían el cielo del amanecer más allá de la cerca.
―Mamá, ¿a dónde van los pájaros? ¿Afuera?
―Hija, qué pregunta... ¡Afuera vive el peligro!
―Pues ayer, cuando me perdí, no vi ningún peligro: solo encontré árboles y hierba por todas partes... ¿tú has estado Afuera alguna vez?
―Nunca, hija; mi padre me contó que quienes van allí jamás regresan... si no te hubieran encontrado, a saber qué te habría ocurrido. Anda, déjate ya de tonterías y túmbate, que te vas a poner peor.
Ita se acostó y la verde hierba refrescó su ardiente cuerpecito. Empezaba a dormirse cuando escuchó un gran alboroto y el ladrido de los perros: dos desconocidos se llevaban a unas pequeñinas.
―Mamá... ¿a dónde llevan a mis hermanitas? ¿Afuera?
―¡Noooo, mal pensada! Al paraíso, hija, al paraíso. Han sido elegidas para la Navidad.
Unos minutos después, los hombres regresaron y cogieron a dos más.
―Mamá, ¿por qué esos hombres han vuelto manchados de sangre?
―¡Pero qué preguntas más retorcidas haces! ¡No hay que desconfiar tanto de quienes nos protegen!
Ita miró de nuevo a las aves que iban y venían por el cielo.
―Mamá, ¿y por qué los pájaros viven sin cercas?
―Ay, hija mía, ovejita negra tenías que ser... Pues porque son muy malos y nadie los quiere: ¿no ves que no tienen perros ni pastor ni corral como nosotras?

FRENEZA


La hija del átomo sedienta de luz
no conoce los valles
es un salto sin alas
de la cima al abismo
el golpe
la risa rota
la tiniebla
la jauría mordiendo a los frágiles
el parto y el cadáver en el tuétano
astronauta a la deriva del vacío
la hija del átomo sedienta de luz
no camina llanuras
es un salto sin cuerda
del abismo a la cima
piedra a roca
pies atados
resplandor
la espada detrás de la sonrisa
la sangre en los dedos del áureo
pupila rapaz de los iris angélicos
la hija del átomo sedienta de luz
salta
el golpe
la risa rota
la tiniebla
salta
piedra a roca
pies atados
resplandor
salta
el golpe
la tiniebla
salta
piedra a roca
resplandor
¿salto?
tiresnieplanblador
¿salto?
restiplanniedorbla
¿salto?
tictac
tictac
tictac
Salta la hija del átomo sedienta de luz
donde habita el latido y el abrazo nos salva.


EL VASO



Insignificante y frágil, nadie sospecha de ella. Solo algunas veces un fugaz rayo de luz le da el brillo del diamante, pero no es tan dura ni resplandeciente como él y, mucho menos, inmutable.
Frágil, redonda, transparente y sabia, casi siempre se funde con el mundo que la rodea para conocerlo, penetrando sus más recónditos secretos. También sabe volar con la pasión del fuego o convertirse, si es necesario, en el más afilado hielo por una temporada, aunque jamás conseguirá la importancia del océano, la omnipresencia del aire, la firmeza de la tierra, la supremacía de la luz o el hermetismo de la noche. 
Ella solo es la última gota de paciencia destinada a desbordar el vaso rebosante de los gritos.

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Los poemas y textos pertenecen a la autora del blog, Matilde Selva López, a excepción de aquellos en los que consta el nombre de otros autores.