SÉ QUE PUEDO

Si he poblado de noches mis certezas
para matar el mundo
–insana lucidez que me perturba
con el programa dominante–
de los inaccesibles tan diarios
devoradores de esperanzas y memorias,
sé qué quiero.
Si no soy luz porque no muero en la sombra
ni gano odios o sonrisas suficientes
para el cadalso y la medalla,
soy el grano de arena o esa gota
que siempre colma el cántaro y la duna,
la maldita y minúscula sentencia
contra todo pronóstico de esclavo,
y sé que puedo.




LA CASA


La casa es un trozo de pan negro, el pan agrio del hambre fermentado en la locura del rapaz; el águila vigila y amordaza con su yugo de esclavos y las flechas azules de la muerte; la casa es una jaula con púas en el aire que convierte en alimañas a sus presos; el padre tiene piedras en las manos, la madre tiene piedras en la boca, y la niña, la escarcha insaciable del aullido: no hay suficiente escarcha para frenar los golpes; no hay suficiente escarcha para lamer la herida; no hay suficiente escarcha para callar la culpa ni suficientes rodillas contra el odio. La casa se ha secado como un árbol sin agua y pudre la memoria; en sus raíces de papel, donde los dientes del mundo se mastican, donde de vez en cuando florece la palabra, la niña es una pluma con tinta de sangre entre las nubes.


UN GRAN HOMBRE

El gran emprendedor fue despedido con honores
por los hombres de bien y los demócratas:
creó puestos de esclavos
en muchos países sin recursos
y grandes beneficios
en las Islas Caimán y Las Bahamas
con los que financió anticomunistas y patriotas
para expandir libres mercados:
fueron incontables los burdeles
y el tráfico de drogas en empresas fantasmas,
las donaciones a santuarios de la jet
y a los trabajadores que no le hicieron huelgas.

El funeral se transmitió por las televisiones
y asistieron presidentes de gobierno, coroneles,
obispos y emprendedores relevantes como él,
incluso las empleadas de hogar a tres euros la hora,
y le lloraron y alabaron las derechas, los centros
y hasta la izquierda moderada, agradecidos
por su contribución electoral.

Veinte años después, cuando su nombre fue olvidado,
los cien mil muertos que forjaron su fortuna
salieron a la luz
y fueron escándalo de un día.


ALLÍ

Si consigues nadar como alfabeto
sin encallar en trabalenguas
y sabes respirar por cada sílaba
sin que el acento te apuñale
descubrirás
que allí la gravedad apenas grava,
la línea no cabe en ningún sitio
sin quitarse la recta y echar curvas
y la contabilidad no cuenta sino canta.
Allí los verbos no conjugan con Olimpos,
la televisión es apagada por el verso,
la tinta destiñe códigos de barras
y las poetas plantan libros en sus lápices.
Allí no afina bien la voz sin pulso
y los himnos sin piel quedan afónicos;
allí las bocas doradas de los Ibex
pierden el brillo seductor de sus caninos,
a las rapaces las acobardan los gorriones
y la primera persona del plural está al principio.
Allí, la matriz cálida y curva de la música
es el latido que derrota a la barbarie. Allí, la Poesía.


GEOMETRÍA CÓSMICA


 Acaban de ingresarme en el pentadecágono. El Tribunal Superior del Vértice me ha condenado a vivir quince años entre quince esquinas, la rehabilitación severa para quienes atentan contra la supremacía del ángulo. Mi delito fue diseñar una ciudad redonda con edificios circulares, pues como arquitecta aficionada a la astronomía, basé mi proyecto urbanístico en la ilimitada sabiduría del Cosmos.

—¿Se han descubierto estrellas cuadradas o planetas rectangulares? ¿Verdad que no, señorías? Entonces, deberían condenar al constructor original, el Universo, por preferir las curvas; yo sólo imité su geometría esférica —dije en mi defensa durante el juicio.

Lo que no saben estos rectilíneos es que giraré todos los días sobre mí misma en el centro del polígono.


QUIERO


Cierran todos los bancos por tu culpa
si tus labios devoran
mis células caídas
y huyen los corruptos y los déspotas
si tu lengua
ensancha las grutas de mi dermis.
Mas no quiero que cierren ni que huyan
los que robaron tantos besos
con las estériles cifras de sus páramos.
Quiero que paguen los milímetros
de piel arrebatada,
de saliva sedienta y luz de carne
asesinadas por sus euros.
Quiero amor que fundamos
el verbo en los caminos
donde las divisiones siempre suman
cuando multiplicamos los latidos,
donde la muerte abandona su guadaña
contra el gorrión y la paloma.
Quiero, amor, que me mires
cuando enterremos con gemidos las facturas
en la humedad de las caricias,
cuando el orgasmo nos reviente con su beso
las cuentas y el horario.


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