FRENEZA


La hija del átomo sedienta de luz
no conoce los valles
es un salto sin alas
de la cima al abismo
el golpe
la risa rota
la tiniebla
la jauría mordiendo a los frágiles
el parto y el cadáver en el tuétano
astronauta a la deriva del vacío
la hija del átomo sedienta de luz
no camina llanuras
es un salto sin cuerda
del abismo a la cima
piedra a roca
pies atados
resplandor
la espada detrás de la sonrisa
la sangre en los dedos del áureo
pupila rapaz de los iris angélicos
la hija del átomo sedienta de luz
salta
el golpe
la risa rota
la tiniebla
salta
piedra a roca
pies atados
resplandor
salta
el golpe
la tiniebla
salta
piedra a roca
resplandor
¿salto?
tiresnieplanblador
¿salto?
restiplanniedorbla
¿salto?
tictac
tictac
tictac
Salta la hija del átomo sedienta de luz
donde habita el latido y el abrazo nos salva.


EL VASO



Insignificante y frágil, nadie sospecha de ella. Solo algunas veces un fugaz rayo de luz le da el brillo del diamante, pero no es tan dura ni resplandeciente como él y, mucho menos, inmutable.
Frágil, redonda, transparente y sabia, casi siempre se funde con el mundo que la rodea para conocerlo, penetrando sus más recónditos secretos. También sabe volar con la pasión del fuego o convertirse, si es necesario, en el más afilado hielo por una temporada, aunque jamás conseguirá la importancia del océano, la omnipresencia del aire, la firmeza de la tierra, la supremacía de la luz o el hermetismo de la noche. 
Ella solo es la última gota de paciencia destinada a desbordar el vaso rebosante de los gritos.

SÉ QUE PUEDO

Si he poblado de noches mis certezas
para matar el mundo
–insana lucidez que me perturba
con el programa dominante–
de los inaccesibles tan diarios
devoradores de esperanzas y memorias,
sé qué quiero.
Si no soy luz porque no muero en la sombra
ni gano odios o sonrisas suficientes
para el cadalso y la medalla,
soy el grano de arena o esa gota
que siempre colma el cántaro y la duna,
la maldita y minúscula sentencia
contra todo pronóstico de esclavo,
y sé que puedo.




LA CASA


La casa es un trozo de pan negro, el pan agrio del hambre fermentado en la locura del rapaz; el águila vigila y amordaza con su yugo de esclavos y las flechas azules de la muerte; la casa es una jaula con púas en el aire que convierte en alimañas a sus presos; el padre tiene piedras en las manos, la madre tiene piedras en la boca, y la niña, la escarcha insaciable del aullido: no hay suficiente escarcha para frenar los golpes; no hay suficiente escarcha para lamer la herida; no hay suficiente escarcha para callar la culpa ni suficientes rodillas contra el odio. La casa se ha secado como un árbol sin agua y pudre la memoria; en sus raíces de papel, donde los dientes del mundo se mastican, donde de vez en cuando florece la palabra, la niña es una pluma con tinta de sangre entre las nubes.


UN GRAN HOMBRE

El gran emprendedor fue despedido con honores
por los hombres de bien y los demócratas:
creó puestos de esclavos
en muchos países sin recursos
y grandes beneficios
en las Islas Caimán y Las Bahamas
con los que financió anticomunistas y patriotas
para expandir libres mercados:
fueron incontables los burdeles
y el tráfico de drogas en empresas fantasmas,
las donaciones a santuarios de la jet
y a los trabajadores que no le hicieron huelgas.

El funeral se transmitió por las televisiones
y asistieron presidentes de gobierno, coroneles,
obispos y emprendedores relevantes como él,
incluso las empleadas de hogar a tres euros la hora,
y le lloraron y alabaron las derechas, los centros
y hasta la izquierda moderada, agradecidos
por su contribución electoral.

Veinte años después, cuando su nombre fue olvidado,
los cien mil muertos que forjaron su fortuna
salieron a la luz
y fueron escándalo de un día.


ALLÍ

Si consigues nadar como alfabeto
sin encallar en trabalenguas
y sabes respirar por cada sílaba
sin que el acento te apuñale
descubrirás
que allí la gravedad apenas grava,
la línea no cabe en ningún sitio
sin quitarse la recta y echar curvas
y la contabilidad no cuenta sino canta.
Allí los verbos no conjugan con Olimpos,
la televisión es apagada por el verso,
la tinta destiñe códigos de barras
y las poetas plantan libros en sus lápices.
Allí no afina bien la voz sin pulso
y los himnos sin piel quedan afónicos;
allí las bocas doradas de los Ibex
pierden el brillo seductor de sus caninos,
a las rapaces las acobardan los gorriones
y la primera persona del plural está al principio.
Allí, la matriz cálida y curva de la música
es el latido que derrota a la barbarie. Allí, la Poesía.


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Los poemas y textos pertenecen a la autora del blog, Matilde Selva López, a excepción de aquellos en los que consta el nombre de otros autores.